Tristan und Isolde

Texto en español

OBERTURA

ACTO I

Escena primera
(En el mar, sobre la cubierta de la nave de Tristán, durante la travesía de Irlanda a Cornualles)

Voz de un marinero joven
Hacia poniente
se dirigen las miradas;
hacia saliente
se desliza la nave.
Fresco sopla el viento
hacia el suelo patrio:
niña mía de Irlanda,
¿dónde estás ahora?
¿Son los soplos de tus suspiros
lo que hinchan mis velas?
¡Sopla, sopla, viento!
¡Suspira, ay, suspira, niña mía!
¡Muchacha irlandesa,
muchacha fiera, amoroso!

Isolda
(Irguiéndose de repente)
¿Quién se atreve a burlarse así de mí?
(Mira turbada a su alrededor).
Brangäne, dime,
¿dónde estamos?

Brangäne
Hacia el este
álzanse unas franjas azuladas;
suave y rápido
navega el barco:
con mar tranquila, antes del anochecer
llegaremos seguramente a tierra.

Isolda
¿A qué tierra?

Brangäne
A la verde playa de Cornualles.

Isolda
¡No, nunca!
¡Ni hoy ni mañana!

Brangäne
(Se precipita consternada hacia Isolda)
¿Qué es lo que oigo? ¡Dueña mía! ¡Ah!

Isolda
(Hablando fieramente para sí misma)
¡Raza degenerada!
¡Indigna de tus antepasados!
Madre, ¿dónde
has dejado el poder de dictar
órdenes al mar y a las tempestades?
¡Oh manso arte
de la hechicera,
que ya sólo preparas filtros balsámicos!
Fuerza osada,
despierta otra vez en mí,
¡sal del pecho
donde te escondiste!
¡Oíd mi voluntad,
vientos cobardes!
¡Lanzaos a la lucha,
al estrépito de los elementos atmosféricos!
¡Lanzaos al torbellino furioso
de las tempestades rabiosas!
¡Haced que deje de dormir
este mar que sueña,
despertad de los abismos
su avidez rugiente!
¡Mostradle la presa
que yo le presento!
¡Que el mar destroce este navío arrogante,
que engulla sus restos rotos!
Y todo lo que sobre él vive,
todo lo que en él respira y alienta,
¡eso os lo dejo en pago a vosotros, vientos!

Brangäne
(Extremadamente asustada, preocupándose por Isolda)
¡Oh, que desgracia!
¡Ay! ¡Ay!
¡Es el mal que yo había presentido!
¡Isolda! ¡Dueña mía!
¡Amado corazón mío!
¿Qué es lo que me has ocultado
durante tanto tiempo?
Ni una sola lágrima
lloraste por tu padre ni por tu madre;
apenas un saludo
dedicaste a los que allí se quedaban.
Fría y muda
te separaste del suelo patrio;
pálida y silenciosa
has estado durante el viaje;
no has comido,
no has dormido;
rígida y mísera,
arisca y perturbada te has mostrado:
¿cómo he soportado,
viéndote así,
no ser ya nada para ti,
estar ante ti como una extraña?
¡Oh, dime ahora
qué es lo que te apena!
¡Dime, manifiéstame
qué es lo que te atormenta!
¡Isolda, dueña mía,
mujer noble y querida!
Si Brangäne ha de creerse digna de ti,
¡confía ahora en ella!

Isolda
¡Aire! ¡Aire!
¡Siento que se me ahoga el corazón!
¡Abre, abre todo!

Escena segunda

La voz del marinero joven
Fresco sopla el viento
hacia el suelo patrio:
niña mía de Irlanda,
¿dónde estás ahora?
¿Son los soplos de tus suspiros
los que hinchan mis velas?
¡Sopla, sopla, viento!
¡Suspira, ay, suspira, niña mía!

Isolda
(Cuya mirada ha encontrada enseguida a Tristán y se ha quedado fija en él, para sí, con voz sorda)
¡Elegido para mí,
para mí perdido,
gentil y bueno,
audaz y cobarde!
¡Cabeza consagrada a la muerte!
¡Corazón consagrado a la muerte!
(A Brangäne)
¿Qué piensas tú de ese siervo?

Brangäne
(Siguiendo la mirada de Isolda)
¿A quién estás refiriéndote?

Isolda
A aquel héroe que allí está,
el cual esconde
su mirada a la mía,
y, pudoroso y tímido,
mira hacia otro lado.
Dime, ¿qué piensas tú de él?

Brangäne
¿Por Tristán me preguntas,
querida señora,
por el prodigio del prodigio de los reinos,
por el hombre ensalzado con altas alabanzas,
por el héroe sin igual,
por el asilo y refugio de la gloria?

Isolda
(Burlándose de Brangäne)
¡El que por miedo al golpe
huye adonde puede,
por haber obtenido para su señor
una desposada que es un cadáver!
¿Te parecen oscuras
las cosas que te digo?
Pregúntale, pues, a él mismo,
pregúntale a ese hombre libre
si se atreve a acercarse a mí!
Ese héroe cobarde
olvida ofrecer a su dueña
el saludo de honor,
la atención respetuosa,
pues teme que mi mirada lo alcance a él,
¡al héroe sin igual!
¡Oh, muy bien sabe él
por qué!
Ve a ver a ese orgulloso,
transmítele las palabras de su dueña:
que se me acerque inmediatamente,
dispuesto a servirme.

Brangäne
¿He de rogarle
que venga a saludarte?

Isolda
Lo que yo he ordenado
a ese noble siervo
es que tema a su dueña,
¡a mí, Isolda!

(A una señal imperiosa de Isolda, Brangäne se aleja y camina pudorosamente hacia la popa, a través de la cubierta de la nave)

Kurwenal
(Que ve venir a Brangäne, tira del vestido de Tristán, sin levantarse)
¡Atención, Tristán!
Un mensaje de Isolda.

Tristán
(Sobresaltándose)
¿Qué pasa? ¿Isolda?
(Se recobra enseguida, cuando Brangäne llega a su presencia y se inclina ante él)
¿De mi dueña?
¿Qué es lo que su fiel
y obediente servidora
va a decirme
cortésmente?

Brangäne
Mi señor Tristán
mi señora Isolda
desea veros.

Tristán
Si es que está cansada de la larga travesía,
ésta se halla a punto de terminar,
antes de que se ponga el sol
habremos llegado a tierra.
Cúmplase fielmente
lo que mi señora me ordene.

Brangäne
Entonces, por favor, señor Tristán,
id adonde ella está:
tal es la voluntad de mi dueña.

Tristán
Allí donde los verdes campos tienen
todavía para la mirada un color azulado,
está aguardando a mi señora
impacientemente mi rey:
pronto me acercaré a ella, la ilustrísima,
para conducirla hasta él;
a nadie cederé
ese privilegio.

Brangäne
Mi señor Tristán,
escucha bien lo que te digo:
la señora quiere
tus servicios,
desea que vayas en el acto adonde
ella está aguardándote con impaciencia.

Tristán
En el acto,
aquí donde me hallo,
estoy sirviendo fielmente a ella,
honra suprema de las mujeres;
pero si en esta hora
abandonase yo el timón,
¿cómo conduciría con seguridad la nave
hasta las tierras del rey Marke?

Brangäne
¡Tristán, señor mío!
¿Por qué te burlas de mí?
Si no te parece claro lo que ha dicho
esta torpe sierva,
¡escucha entonces las palabras de mi dueña!
Me mandó que te dijese esto:
lo que yo he ordenado
a ese noble siervo
es que tema a su dueña,
a mí, Isolda.

Kurwenal
(Levantándose de un salto)
¿Me permites que sea yo quien responda?

Tristán
(Tranquilo)
¿Qué vas a replicar?

Kurwenal
¡Dile esto
a la señora Isolda!
Quien otorga
a la muchacha de Irlanda
la corona de Cornualles
y la herencia de Inglaterra,
ése no puede ser siervo de esa sierva,
de la cual incluso hace donación a su tío.
Dueño del mundo,
¡eso es lo que es el héroe Tristán!
Yo lo proclamo;
y tú repítelo, ¡aunque conmigo se enfaden
mil mujeres como Isolda!

(Mientras Tristán procura hacerle callar con gestos, y Brangäne, indignada, se da la vuelta para irse, Kurwenal, grita lo siguiente a la mensajera, que se aleja vacilante):

“El soñar Morold
vino aquí en su nave
a cobrar los tributos de Cornualles;
sobre las aguas desiertas del mar
flota una isla,
¡allí está él ahora enterrado!
Su cabeza, sin embargo,
está colgada en tierras de Irlanda,
ella es el tributo
pagado por Inglaterra:
¡Eh! ¡Cómo sabe pagar tributos
Tristán, nuestro héroe!”

(Kurwenal, expulsado por Tristán, desciende a la bodega del barco; Brangäne, que ha vuelto consternada adonde está Isolda, cierra tras de sí las cortinas, mientras fuera se oye cantar a la marinería)

Todos los hombres

Su cabeza, sin embargo,
está colgada en tierras de Irlanda,
ella es el tributo
pagado por Inglaterra:
¡EH! ¡Cómo sabe pagar tributos
Tristán, nuestro héroe!

Escena tercera

(Isolda y Brangäne solas. Isolda se levanta con un gesto colérico y desesperado, Brangäne se arroja a sus pies)

Brangäne
¡Qué desgracia, ay, que desgracia!
¡Tener que soportar tales cosas!

Isolda
(A punto de entregarse a una explosión terrible, se recobra con rapidez)
¡Bien, háblame de Tristán!
Quiero saber exactamente lo ocurrido.

Brangäne
¡Ay, no me hagas preguntas!
Isolda¡Habla sin miedo y con franqueza!

Brangäne
Con palabras corteses
me dio evasivas.

Isolda
¿Y que dijo cuando le advertiste claramente?

Brangäne
Cuando le dije que en el acto
viniese a verte,
él me respondió
que, allí donde se halla,
él está sirviendo fielmente a ella,
honra suprema de las mujeres;
pero que si en esta hora
abandonase el timón,
¿cómo conduciría con seguridad la nave
hasta las tierras del rey Marke?

Isolda
(Con dolorosa amargura)
“¿Cómo conduciría con seguridad la nave
hasta las tierras del rey Marke?”
(Con voz chillona y violenta)
¡Para pagarle el tributo
que ha sacado de Irlanda!

Brangäne
A tus propias palabras,
cuando se las transmití,
dejó que su fiel Kurwenal

Isolda
A ése le he oído bien,
no se me ha escapado
ni una sola de sus palabras.
Ya que estás enterada de mi vergüenza,
escucha ahora qué la ha causado.
Si ellos me cantan
canciones riéndose,
también yo podría replicar hablando
de una barca
que, pobre y pequeña,
llegó a las costas de Irlanda,
y en la cual se hallaba,
mísero y a punto de morir,
un hombre enfermo.
Le eran conocidas
las artes de Isolda;
y ella curó fielmente,
con ungüentos
y con bálsamos,
la herida que lo atormentaba.
Con astucia cuidadosa
aquel hombre decía llamarse “Tantris”,
pero Isolda pronto se dio cuenta
de que era Tristán, pues en la espada
del enfermo descubrió una mella
a la cual se ajustaba exactamente
un fragmento de acero
que ella en otro tiempo había
descubierto con mano experta
en la cabeza del caballero de Irlanda,
cabeza que, para burla,
había sido enviada a su patria.
¡Algo entonces dio en mí un grito
desde lo más hondo de mi ser!
Con la espada desnuda
estaba yo ante él
para vengar en el gran insolente
la muerte del señor Morold.
Desde donde se hallaba tendido
partió su mirada,
no hacia la espada,
no hacia mi mano,
sino hacia mis ojos.
¡Su miseria
de mío compasión!
¡Dejé caer la espada de mis manos!
Y la herida que Morold le había causado
yo se la curé, para que sano
y salvo regresara a su casa,
¡y no siguiera afligiéndome
con su mirada!

Brangäne
¡Oh prodigio! ¿Dónde tenía yo mis ojos?
¿Es el huésped que en otro tiempo
yo ayudé a cuidar?

Isolda
Acabas de escuchar los elogios que le hacen
“¡Eh! ¡Cómo sabe pagar tributos!”
Tristán era aquel pobre hombre.
¡Con mil juramentos me aseguró
gratitud y fidelidad eternas!
¡Escucha ahora cómo cumple
un héroe su palabra!
Aquel a quien yo dejé partir,
desconocido, como Tantris,
volvió luego audazmente
como Tristán;
en un buque soberbio,
de gran calado,
llegó a pedir en matrimonio
a la heredera de Irlanda
para el cansado rey de Cornualles,
para Marke, su tío.
¿Quién, viviendo Morold,
hubiera osado
infligirnos tal ultraje?
¡Pretender la corona de Irlanda
para alguien obligado a pagar tributos,
para el príncipe de Cornualles!
¡Ay, que desgracia!
¡Yo misma fui
la que secretamente me procuré
este oprobio!
En vez de blandir
la espada vengadora,
¡dejarla caer impotentemente de mis manos!
¡Y ahora soy yo la sierva del vasallo!

Brangäne
Como todos habíamos jurado
paz, reconciliación y amistad,
todos nos alegramos aquel día;
¿cómo iba yo a suponer
que a ti esto produjera aflicción?

Isolda
¡Oh ojos ciegos!
¡Corazones estúpidos!
¡Coraje domeñado,
silencio cobarde!
¡De qué modo tan diferente
proclamaba Tristán, vanagloriándose,
lo que yo había mantenido oculto!
La que en silencio
le dio la vida,
la que, callando, lo ocultó
a la venganza del enemigo:
aquello que la muda protección de ella
convirtió en salvación para él,
¡eso él lo abandonó,
al tiempo que la abandonaba a ella!
Con qué victoriosa ufanía,
sano y salvo,
me señalaba,
diciendo en voz alta y clara:
“Señor y tío mío,
ésa sería un tesoro;
¿Qué os parecería como esposa?
Yo os traeré
a esa gallarda irlandesa;
las rutas y caminos
me son bien conocidos,
una sola señal vuestra, y volaré
a Irlanda:
¡e Isolda será vuestra!
¡Es una aventura que me gusta!”
¡Maldito seas, infame!
¡Maldita sea tu cabeza!
¡Venganza! ¡Muerte!
¡Muerte para nosotros dos!

Brangäne
(Precipitándose hacia Isolda, con una ternura impetuosa)
¡Oh dulce mujer! ¡Querida mía!
¡Noble! ¡Excelente!
¡Áurea dueña mía!
¡Amada Isolda!
(Lleva poco a poco a Isolda hacia el lecho donde descansaba)
¡Escúchame! ¡Ven!
¡Siéntate aquí!
¡Qué locura!
¡Qué cólera inútil!
¿Cómo puedes turbarte de tal manera
que no puedas ver y oír con claridad?
Lo que el señor Tristán
alguna vez te haya debido,
dime, ¿es que podría pagártelo mejor
que con la más espléndida de las coronas?
Así es como él sirve fielmente
a su noble tío;
le ha dado
el pago más deseable del mundo:
de manera auténtica y noble
ha renunciado a su herencia
y la ha puesto a tus pies,
¡para saludarte como reina!
(Isolda desvía la mirada)
Y si para Marke
te ha pedido en matrimonio,
¿por qué vas a censurar tal elección?
¿por qué vas a tenerlo por indigno de ti?
Es de familia noble
y ánimo sereno,
¡Quién podría compararse a él
en poder y gloria?
De un hombre a quien con toda lealtad
sirve un héroe noble,
¿quién no querría compartir su felicidad,
vivir a su lado como esposa?

Isolda
(Mirando fijamente al vacío)
Desamada
por el más noble de los hombres,
¡verlo siempre cerca de mí!
¿Cómo podré soportar esa tortura?

Brangäne
¿Qué es lo que dices, pobre mujer?
¿Desamada?
(Se acerca a Isolda con adulaciones y caricias)
¿Dónde viviría el hombre
que no te amase a ti?
¿El hombre que viese a Isolda
y no se entregase del todo
y con delicia a Isolda?
Pero si el elegido para ti
fuera tan frío,
si in encantamiento
lo apartase de ti:
entonces yo sabría
sujetar pronto a ese malvado.
El poder del amor lo reduciría.
(Con misteriosa confianza, hablando únicamente a Isolda)
¿Es que no conoces
las artes de tu madre?
¿Es que crees que ella,
que todo lo sopesa con mucha prudencia,
me habría enviado contigo
a una tierra extraña sin darme consejos?

Isolda
(Sombría)
Los consejos de mi madre
me hacen recordar algo:
¡bienvenidas sean
sus artes!
Venganza a la traición
¡Paz al corazón en la desgracia!
¡Tráeme aquí aquel cofre!

Brangäne
Ese cofre encierra
lo que conviene a tu salud.
(Trae una pequeña arqueta de oro, la abre y muestra su contenido)
Tu madre fue quien me dio
estos poderosos filtros mágicos.
Aquí hay bálsamo
para los dolores y las heridas;
contravenenos
para los malos venenos.
(Saca una ampolla)
Aquí tengo
el más noble de los filtros.

Isolda
Te equivocas, yo lo conozco mejor que tú;
hice en él
un enérgico corte.
(Coge una ampolla y se la enseña)
¡Este es el filtro que me conviene!

Brangäne
(retrocede horrorizada)
¡El filtro de la muerte!

(Isolda se ha levantado del lecho donde descansaba y escucha con horror creciente los gritos de la marinería)

Los marineros
(Desde fuera)
¡Ho! ¡He! ¡Ha! ¡He!
¡Largad la vela
del palo menor!
¡Ho! ¡He! ¡Ha! ¡He!

Isolda
¡Eso indica una travesía rápida!
¡Ay de mí! ¡Estamos cerca de tierra!

Escena cuarta

Kurwenal
¡Arriba!
¡Venga, vosotras, mujeres, levantaos!
¡Frescas y alegres!
¡Vestíos pronto!
¡Preparaos, vamos, pronto!
(Con voz más moderada)
Y a la señora Isolda
he de decirle
de parte de mi señor,
el héroe Tristán:
del mástil cuelga la bandera de la alegría,
alegre ondea en dirección a tierra;
en dirección al castillo del rey Marke,
diciéndonos así que están ya cerca.
Por ello ruega a la señora Isolda
que se apresure
a prepararse para bajar a tierra,
para que él pueda acompañarla.

Isolda
(Tras haberse estremecido de espanto al oír el anuncio, dice ahora de manera digna y contenida)
Lleva mis saludos
al señor Tristán
y anúnciale lo que te sigo.
Si a su lado yo hubiera de ir
a presentarme al rey Marke,
tal cosa no sucederá
según derecho
si antes no recibo
satisfacción
por una falta no expiada.
Por ello, que busque mi clemencia.
¡Presta atención
y transmítele bien mi mensaje!
No me prepararé
para acompañarle a tierra,
no iré a su lado
a presentarme al rey Marke,
si antes no me suplica,
según derecho,
olvido y perdón
por una falta no expiada:
¡si lo hace, le concederé clemencia!

Kurwenal
Sabéis bien seguro
que le diré eso;
¡pero esperad a ver cómo me escucha!
(Se retira rápidamente. Isolda se abalanza sobre Brangäne y la abraza con violencia)

Isolda
Y ahora, ¡adiós, Brangäne!
¡Saluda de mi parte al mundo,
saluda de mi parte a mi padre y a mi madre!

Brangäne
¿Qué es lo que pasa?
¿En qué estás pensando?
¿Es que quieres huir?
¿Adónde he de seguirte?

Isolda
(Se recobra rápidamente)
¿Es que no lo has oído?
Me quedaré aquí,
aguardaré a Tristán.
Obedece fielmente
la orden que te doy,
prepara rápidamente
el filtro de la reconciliación:
ya sabes, aquel que te enseñé.
(Saca la ampolla del cofre)

Brangäne
¿Qué filtro?

Isolda

¡Este filtro!
Viértelo
en la copa de oro;
casi la llenará.

Brangäne
(Recibiendo la ampolla con espanto)
¿Puedo confiar en mis sentidos?

Isolda
¡Séme fiel!

Brangäne
Este filtro, ¿para quién?

Isolda
Para quien me engañó

Brangäne
¿Para Tristán?

Isolda
¡que beba para expiar lo que me hizo1!

Brangäne
(Cayendo a los pies de Isolda)
¡Que espanto!
¡Pobre de mí, ten compasión de mí!

Isolda
(Con gran vehemencia)
¡Ten tu compasión de mí,
sierva infiel!
¿Es que no conoces
las artes de mi madre?
¿Es que crees que ella,
que todo lo sopesa con mucha prudencia,
me habría enviado contigo
a una tierra extraña sin darme consejos?
Me dio bálsamos
para los dolores y las heridas,
y contravenenos
para los malos venenos.
Para el dolor más hondo,
para el sufrimiento más grande,
me dio el filtro de la muerte,
¡Que la muerte le dé ahora
las gracias a mi madre!

Brangäne
(Dueña apenas de sí)
¡Oh el dolor más hondo!

Isolda
¿Vas a obedecerme!

Brangäne
¡Oh el sufrimiento más grande!

Isolda
¿Vas a serme fiel?

Brangäne
¿El filtro?

Kurwenal
(Entrando)
¡El señor Tristán!

(Brangäne se levanta asustada y turbada. Isolda procura con un esfuerzo terrible serenarse)

Isolda
(A Kurwenal)
¡Que se acerque el señor Tristán!

Escena quinta

(Kurwenal se retira. Brangäne, dueña apenas de sí, se vuelve hacia el fondo. Isolda, concentrando todos sus sentimientos para el momento decisivo, camina lentamente, con gran dignidad, hacia el diván. Se apoya en un extrema de él y vuelve la mirada hacia la entrada, fijándola allí. Penetra Tristán y se queda parado respetuosamente en la entrada. Isolda, terriblemente agitada, se queda abismada en su mirada. Un largo silencio)

Tristán
Decidme, dueña mía,
qué es lo que queréis.

Isolda
¿Es que no sabes
cuáles son mis deseos,
tú, que por miedo
a cumplírmelos
te has mantenido lejos de mi mirada?

Tristán
Respeto ha sido
lo que me ha tenido alejado.

Isolda
Pocas son las honras
que me has ofrecido;
con franco escarnio
te has negado
a obedecer mis órdenes.

Tristán
Fue únicamente la obediencia
lo que me mantuvo alejado.

Isolda
Poca gratitud debería yo entonces
a tu señor,
si es que el servicio que le prestas
te aconsejó tener mala educación
con su propia esposa.

Tristán
Donde yo he vivido
enseña esto la buena educación:
que quien acompaña
a la desposada durante el viaje
debe mantenerse alejado de ella.

Isolda
¿Por miedo a qué?

Tristán
¡Pregúntaselo a la buena educación!

Isolda
Mi señor Tristán,
puesto que tanto respetas
la buena educación voy a referirme
a otra norma de ella:
la de reconciliarte con el enemigo,
si es que éste ha de ensalzarte como amigo.

Tristán
¿Con que enemigo?

Isolda
¡Pregúntaselo a tu miedo!
Hay entre nosotros
una deuda de sangre.

Tristán
Ya ha sido pagada.

Isolda
¡No entre nosotros!

Tristán
En campo abierto,
ante todo el pueblo,
se hizo el juramento de la paz.

Isolda
Eso no fue
cuando yo escondí a Tantris
y Cayó Tristán en mi poder.
Esa vez estaba él allí magnifico,
sano y salvo;
pero lo que él juró
yo no lo juré;
yo había aprendido a callar.
Cuando en la tranquila estancia
yacía él enfermo,
y yo, muda, estaba ante él
con la espada en la mano:
entonces mi boca calló,
entonces frené mi mano
Pero lo que yo en otro tiempo
había prometido con la mano y la boca,
en silencio juré mantenerlo.
Ahora quiero cumplir mi juramento.

Tristán
¿Y qué fue, señora, lo que jurasteis?

Isolda
¡Venganza por Morold!

Tristán
¿Y esa venganza os aflige?

Isolda
¿Es que te atreves a burlarte de mí?
El noble héroe irlandés
era mi prometido;
yo bendije sus armas,
por mí salió él a combatir.
Cuando él cayó,
con él cayó mi honor;
con el corazón angustiado
juré este juramento:
que si no vengase aquella muerte un hombre,
trataría de vengarla yo, una muchacha.
Cuando estabas débil y enfermo
en mi poder,
¿por qué no te golpeé entonces?
Dítelo a ti mismo, te resultará fácil.
Yo curé las herida
para que al curado
lo matase en venganza el hombre
que a Isolda ganó para sí.
¡Y ahora tú mismo puedes decirte
cuál es tu destino!
Puesto que todos los hombres
han pactado con Tristán,
¿quién ha de matarlo ahora?

Tristán
(Pálido y sombrío)
Si tanto valor tenía para ti Morold,
vuelve a tomar la espada
y manéjala con seguridad y firmeza,
¡para que no la dejes caer de las manos!
(Entrega su espada a Isolda)

Isolda
Cómo quieres que yo ofenda
a tu señor;
¿qué diría el rey Marke
si yo le matase
a su mejor servidor,
al que corona y tierras para él ganó,
el más leal de los hombres?
¿Crees que es tan poca
la gratitud que él te debe
a ti, que le llevas como esposa
a la irlandesa,
crees que no se enfadaría
si yo matase a su enviado,
a quien tan fielmente le entrega en mano
la prenda del juramento de la paz?
¡Conserva tu espada!
Cuando en otro tiempo la blandí,
cuando la venganza
me quemaba el pecho:
cuando tu mirada, que me medía,
hurtó mi imagen
y sopesó si para esposa
del rey Marke yo valía: entonces
dejé caer la espada de mis manos.
¡Bebamos el filtro de la reconciliación!

(Hace una señal a Brangäne. Ésta se estremece, vacila y se retarda en sus sometimientos. Isolda la urge con gesto más enérgicos. Brangäne se dispone a preparar el filtro)

Los marineros
¡Ho! ¡He! ¡Ha! ¡He!
¡Izad la vela
en el palo mayor!
¡Ho! ¡He! ¡Ha! ¡He!

Tristán
(Saliendo de una meditación sombría)
¿Dónde nos encontramos?

Isolda
¡Muy cerca de la meta!
Tristán, ¿he obtenido la reconciliación?
¿Qué tienes que decirme?

Tristán
(Sombrío)
La dueña del silencio
me manda callar:
si comprendo lo que ella calló,
callo lo que ella no comprende.

Isolda
Comprendo tu silencia,
me das evasivas.
¿Me niegas la reconciliación?

Los marineros
¡Ho! ¡He! ¡Ha! ¡He!
(A una señal impaciente de Isolda, Brangäne le entrega la copa que ha llenado con el filtro)

Isolda
(Avanzando con la copa hacia Tristán, que la mira fijamente a los ojos)
¿Oyes esos gritos?
Estamos cerca de la meta
En breve plazo
nos hallaremos
(Con ironía)
en presencia del rey Marke.
Cuando a él me lleves,
seguro que te parecerá bonito
decirle estas palabras:
“Señor y tío mío,
mírala:
una mujer más dulce
jamás la obtendrás.
En otro tiempo
maté a su prometido,
le envié a su casa su cabeza;
la herida
que él me causó al defenderse,
ella me la curó gentilmente.
Mi vida estaba en su poder:
esta dulce muchacha
me hizo don de ella,
y a su país
le causó a la vez
la vergüenza y el oprobio
de ser tu esposa.
Esta buena gratitud
de nobles dádivas
me la dio un dulce
filtro de reconciliación;
la clemencia de ella me ofreció ese filtro
para expiar todas las faltas”

Los marineros
¡A las amarras!
¡Echad el ancla!

Tristán
(Con fiereza)
¡Levad el ancla!
¡Virad mar adentro!
¡Dejad las velas al viento!
(Arranca de manos de Isolda la copa del filtro)
Conozco bien
a la reina de Irlanda
y conozco la fuerza milagrosa
de sus artes.
Aproveché el bálsamo
que me ofreció:
ahora tomo esta copa
para curarme hoy del todo.
¡Y tú escucha atentamente
el juramento de reconciliación,
que te presto en señal de gratitud!
El honor de Tristán
¡es la suprema lealtad!
La miseria de Tristán
¡es su osadísima obstinación!
¡Engaño del corazón!
¡Sueño del presentimiento!
¡Consuelo único
de un duelo eterno!
Bondadoso filtro del olvido
¡te bebo sin dudar!
(Se lleva la copa a los labios y bebe)

Isolda
¿También aquí hay engaño?
¡Quiero la mitad para mí!
(Le arrebata la copa)
¡Traidor! ¡Me la bebo para ti!

(Bebe. Luego tira la copa. Ambos se miran aterrados y sumamente excitados; sin embargo, su postura es rígida; sin desviar la vista se miran a los ojos, en cuya expresión la obstinación de la muerte deja paso pronto al fuego del amor. Tiemblan. Se abrazan convulsivamente y llevan sus manos a la frente. Luego vuelven a buscarse con la mirada, la bajan confusamente y otra vez la clavan la una en la otra con creciente anhelo)

Isolda
(Con voz temblorosa)
¡Tristán!

Tristán
(Con efusión)
¡Isolda!

Isolda
(Hundiéndose en su pecho)
¡Querido infiel!

Tristán
(Abrazándola con ardor)
¡Mujer bienaventurada!

(Permanecen abrazados en silencio. De lejos llega el sonido de trompetas9

Voces de hombres
(Fuera, en el barco)
¡Viva! ¡Viva el rey Marke!

Brangäne

(Que, con el rostro vuelto, llena de turbación y espanto, se había apoyado sobre la borda del navío, se vuelve ahora a mirar a la pareja, que está sumida en un abrazo amoroso, y luego se precipita hacia el primer término, agitando llena de desesperación las manos)

¡Qué desgracia! ¿Qué desgracia!
¡Miseria eterna,
inexorable,
en vez de una muerte rápida!
¡La obra engañosa
de una lealtad loca
florece ahora en lamentos!

(Tristán e Isolda se recobran de repente y dejan de abrazarse)

Tristán
(Turbado)
¿Qué es lo que yo soñaba
del honor de Tristán?

Isolda
¿Qué es lo que yo soñaba
del oprobio de Isolda?

Tristán
¿Te había perdido?

Isolda
¿Me habías repudiado?

Tristán
¡Pérfida astucia
del engañoso encantamiento!

Isolda
¡Vana amenaza
de la cólera loca!

Tristán
¡Isolda!

Isolda
¡Tristán!

Tristán
¡La más dulce de las muchachas!

Isolda
¡El más querida de los hombres!

Ambos
¡Cómo hierven
y se exaltan nuestros corazones!
¡Cómo tiemblan de delicia
todos nuestros sentidos!
¡Floración magnifica
de un amor anhelante,
ardor delicioso
de un amor que hace languidecer!
¡De repente, en nuestros pechos,
un placer jubiloso!
¡Isolda! ¡Tristán!
¡Sustraídos al mundo,
ganados el uno para el otro!
¡De lo único de que tengo consciencia
es del supremo placer del amor!

(Se abren completamente las cortinas; todo el buque está lleno de caballeros y marineros que gritan de jubilo y hacen señas desde cubierta hacia la orilla; ésta se ve ya cerca, coronada por un elevado castillo roquero. Perdidos en su mutua contemplación, Tristán e Isolda no se dan cuenta de lo que ocurre a su alrededor)

Brangäne
(A las mujeres que, a una señal suya, salen del interior de la nave)
¡Pronto, el manto,
el vestido real!
(Lanzándose entre Tristán e Isolda)
¡Desventurados! ¡Vamos!
¡Escuchad dónde estamos!

(Cubre con el manto real a Isolda, que no se apercibe de ello)


Todos los hombres
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
¡Viva el rey Marke!
¡Viva el rey!

Kurwenal
¡Viva Tristán,
el más afortunado de los héroes!

Todos los hombres
¡Viva el rey Marke!

Kurwenal
Con un numeroso séquito
se acerca el rey Marke
en una barca.
¡Hei! Cómo le alegra el viaje
que hace para recibir a su novia!

Tristán
(Alzando turbado los ojos)
¿Quién se acerca?

Kurwenal
¡El rey!

Tristán
¿Qué rey?
(Kurwenal se lo señala con la mano)

Todos los hombres
(Agitando los sombreros)
¡Viva! ¡Viva el rey Marke!

(Tristán mira fijamente a tierra, como si no sintiera nada)

Isolda
(Turbada)
¿Qué ocurre, Brangäne?
¿Qué son esos gritos?

Brangäne
¡Isolda! ¡Dueña mía!
¡Ahora debes serenarte!

Isolda
¿Dónde me encuentro? ¿Estoy viva?
¡Ay! ¿Qué filtro fue ése?

Brangäne
(Con desesperación)
¡El filtro del amor!

Isolda
(Mira espantada a Tristán)
¡Tristán!

Tristán
¡Isolda!

Isolda
¿Es menester que yo viva?
(Cae desmayada en brazos de Tristán)

Brangäne
(A las mujeres)
¡Auxiliad a nuestra dueña!

Tristán
¡Oh delicia llena de perfidias!
¡Oh felicidad inspirada por el engaño!

Todos los hombres
¡Viva Cornualles!

ACTO II

Escena primera

(En el castillo real de Marke, en Cornualles. Jardín con altos árboles delante de los aposentos de Isolda)

Isolda
¿Sigues oyéndolos?
Yo ya no los oigo, de lo lejos que están

Brangäne
(Escuchando con atención)
Aún están cerca,
los sonidos llegan claramente.

Isolda
(Escuchando con atención)
El miedo preocupado
extravía tu oído.
Lo que te engaña es el sonido
susurrante del follaje,
que el viento mueve riendo.

Brangäne
Lo que a ti te engaña
es tu violento deseo
de oír lo que anhelas,
(Escucha con atención)
Oigo el sonido de las trompas.

Isolda
(Volviendo a escuchar con atención)
No es el sonido de las trompas
lo que suena de un modo tan hermoso.
El agua que de la fuente
suavemente fluye
es lo que causa ese murmullo delicioso.
¿Cómo iba yo a oír ese murmullo
si las trompas siguieran sonando?
La fuente es lo único que me sonríe
en el silencio de la noche.
A quien me aguarda impaciente
en la noche silenciosa,
¿quieres retenerlo lejos de mí,
como si aún sonasen las trompas?

Brangäne
A quien te aguarda impaciente
¡Oh, escucha mi advertencia!
Hay espías en la noche
que están aguardándolo.
Porque tu estés cegada,
¿te imaginas que las miradas
del mundo también están ciegas para veros?
Cuando allí a bordo del navío,
de la mano temblorosa de Tristán
recibió el rey Marke
a su pálida desposada,
que apenas era dueña de sí;
cuando todo el mundo miraba turbado
a la que caminaba tambaleándose,
y el bondadoso rey,
tiernamente preocupado,
lamentaba en voz alta las fatigas
sufridas por ti en el largo viaje,
no hubo más que uno,
yo me fijé bien,
que tuviera puestos sus ojos en Tristán.
Con mirada suspicaz
llena de astucia maliciosa,
trataba de encontrar en su rostro
lo que a él pudiera servirle.
A menudo lo encuentro
escuchando con perfidia;
¡guardaos de Melot,
que os prepara trampas en secreto!

Isolda
¿Te refieres al señor Melot?
¡Oh, cómo te engañas!
¿No es él el amigo
más fiel de Tristán?
Cuando mi amado se ve forzado a evitarme,
re reúne únicamente con él.

Brangäne
¡Lo que a mí me lo hace sospechoso,
eso te lo hace a ti querido!
El camino de Melot
va de Tristán a Marke;
en él ha sembrado mala semilla.
Quien hoy, en el Consejo,
tan rápidamente decidió
esta cacería nocturna,
con astucia de cazador trata
de capturar una pieza más noble
que la que tus ilusiones se imaginan.

Isolda
Por amor a su amigo,
por compasión,
fue por lo que Melot, el amigo,
inventó esta astucia.
¿Y tú quieres difamar a ese hombre leal?
Mejor que tú
cuida él de mí;
Melot abre a Tristán caminos
que tú me cierras a mí.
¡Oh, ahórrame las angustias de esta espera!
¡La señal, Brangäne!
¡Haz señas a la noche,
para que caiga del todo!
La noche ya ha derramado su silencio
sobre los bosques y las casas,
ya ha llenado los corazones
de un espanto delicioso.
¡Oh, apaga ahora la luz,
apaga ese resplandor que lo ahuyenta a él!
¡Deja entrar a mi amado!

Brangäne
¡Oh, deja esa llama que te advierte,
deja que ella te muestre el peligro!
¡Oh, que desgracia! ¡Que desgracia!
¡Ay, pobre de mí!
¡Aquel desventurado filtro!
¡Haber sido yo infiel,
haber traicionado una única vez
la voluntad de mi dueña!
Si, sorda y ciega, hubiera yo obedecido,
entonces tu obra
sería la muerte.
Mi obra es, en cambio,
tu oprobio,
tu miseria más oprobiosa.
¿No he de tenerme por culpable?

Isolda
¿Tu obra?
¡Oh sierva insensata!
¿Es que no conoces a la señora Amor?
¿No conoces el poder de sus maravillas?
¿No conoces a la reina
de ánimo osadísimo?
¿A la que gobierna
el devenir de los mundos?
Vida y muerte
a ella están sometidas;
ella las teje con placeres y dolores,
y cambia la envidia en amor.
Temerariamente tomé yo en mi mano
la obra de la muerte.
La señora Amor
la arrebató a mi poder
Ella tomó en prenda
a la que estaba consagrada a la muerte,
tomó en sus manos
la obra.
Me lleve adonde me lleve,
acabe la obra como la acabe,
resérveme lo que me reserve,
condúzcame adonde me conduzca,
en sierva suya me he convertido,
¡déjame, pues, que la obedezca!

Brangäne
Si el pérfido filtro
del amor hubiera
de extinguir la luz de tus sentidos,
¡si no puedes ver
cuando yo te advierta!,
escúchame sólo hoy,
¡oh, escucha mis súplicas!
Esa luz que ilumina el peligro,
hoy, sólo hoy,
esa antorcha que está ahí, ¡no la apagues!

Isolda
La que en mi pecho
encendió este fuego,
la que hizo
arder mi corazón,
la que me sonrió
como día del alma,
la señora Amor, ella quiere
que se haga de noche,
para poder brillar allá abajo
(Corre hacia la antorcha),
allá donde tu luz la ahuyentó.
(Toma la antorcha de la puerta)
Tú, a tu puesto:
¡vigila allí fielmente!
No me da miedo
apagar, riendo,
esta luz,
¡aunque fuese la luz de mi vida!

(Arroja a tierra la antorcha, que allí va apagándose lentamente. Brangäne se da la vuelta, consternada. Isolda escucha con atención y, al principio con timidez vigila una avenida de árboles. Movida por un anhelo creciente, se acerca a la avenida y vigila con más confianza. Un gesto de súbito arrobo indica que ha visto a su amigo a lo lejos).

Tristán
(Entra impetuosamente)
¡Isolda! ¡Amada mía!

Isolda
(Saltando a su encuentro)
¡Tristán! ¡Amado mío!
(Tempestuoso abrazo de ambos)
¿Eres mío?

Tristán
¿Vuelvo a tenerte?
Isolda
¿Me es lícito agarrarte?

Tristán
¿Puedo atreverme?

Isolda
¡Por fin! ¡Por fin!

Tristán
¡Ven a mi pecho!

Isolda
¿Te siento realmente a ti?

Tristán
¿Eres tú la que yo veo?

Isolda
¿Son éstos tus ojos?

Tristán
¿Es ésta tu boca?

Isolda
¿Esto de aquí es tu mano?

Tristán
¿Esto de aquí es tu corazón?

Isolda
¿Soy yo? ¿Eres tú?
¿Eres tú a quien agarro con firmeza?

Tristán
¿Soy yo? ¿Eres tú?
¿No es un engaño?

Ambos
¿No es un sueño?
¡Oh, delicias del alma,
oh placer dulce, nobilísimo,
osadísimo, bellísimo,
el más bienaventurado de todos!

Tristán
¡Sin igual!

Isolda
¡Prodigioso!

Tristán
¡Jubiloso!

Isolda
¡Eterno!

Tristán
¡Eterno!

Isolda
¡No presentido
jamás conocido!

Tristán
¡Embriagador
sublime!

Isolda
¡Gritos de alegría!

Tristán
¡Éxtasis de placer!

Ambos
¡Celestial
arrebatamiento del mundo!
¡Tristán mío! ¡Isolda mía!
¡Mía y tuyo!
¡Eterna, eternamente uno!

Isolda
¡Cuanto tiempo lejos!
¡Cuán lejos tanto tiempo!

Tristán
¡Tan lejos como cerca!
¡Tan cerca como lejos!

Isolda
¡Oh, lejanía malvada,
enemiga de la alegrías!
¡Oh, retardante laxitud
de los tiempos perezosos!

Tristán
¡Oh lejanía y cercanía,
duramente separadas!
¡Gentil cercanía!
¡Triste lejanía!

Isolda
¡Tú en la oscuridad,
yo en la luz!

Tristán
¡La luz! ¡La luz!
¡Oh, esta luz,
cuánto tardó en apagarse!
Se puso el sol,
acabó el día,
pero éste no ahogó
su envidia:
encendió
su señal ahuyentadora
y la colocó en la puerta de la amada,
para que yo no viniera a verla.

Isolda
La mano de la amada, sin embargo,
apagó la luz:
ella no temió hacer
lo que la sirvienta se negaba a realizar:
bajo el poder y la protección
de la señora Amor, ¡yo reté al día!

Tristán
¡Al día! ¡Al día!
¡Odio y maldición
al pérfido día,
el más duro de nuestros enemigos!
Así que tu has apagado la luz,
¡ojalá pudiera yo apagar
la claridad del insolente día,
para vengar los sufrimientos
del amor!
¿Hay una miseria,
existe una pena,
que el día no despierte
con su resplandor?
¡Incluso en el oscuro
esplendor de la noche,
mi amada lo alberga en su casa
y me lo tiene como una amenaza!

Isolda
Si la amada lo alberga
en su propia casa,
antaño en su propio corazón
lo albergó, claro y arrogante,
por obstinación,
mi amado:
Tristán, ¡que me traicionó!
¿No era el día
lo que dentro de él mentía
cuando fue a Irlanda
a solicitar mi mano
para Marke,
a consagrar a la muerte
a la mujer fiel?

Tristán
¡El día! ¡El día
que a ti te rodeaba,
llevaba a la mujer fiel
adonde era semejante el sol,
me arrebataba a Isolda
con el brillo y la luz
de los máximos honores!
Lo que tanto arrobamiento
causaba a mis ojos,
eso mismo tiraba
mi corazón al suelo:
¿cómo podía ser mía Isolda
en la luz esplendorosa del día?

Isolda
¿No era tuya
la que a ti te eligió?
¿Que mentiras te dijo
el malvado día,
que traicionaste a la mujer fiel
que te estaba destinada?

Tristán
Aquellas cosas que a ti te envolvían
en su nobilísimo esplendor,
el brillo del honor,
el poder de la gloria,
esas ficciones fueron las que impidieron
que mi corazón se apegase a la mujer fiel.
El sol brillante
de los honores del mundo,
que con su más claro
resplandor
iluminaba
mi cabeza y mi cabello,
me atravesó
con la vana delicia
de sus rayos
la cabeza y el cabello
hasta llegar a lo más hondo
de mi corazón.
Aquella cosa que en la casta noche
estaba allí despierta, envuelta en tinieblas,
aquella cosa que oscuramente yo sentía,
sin saberlo ni pensarlo:
una imagen que mis ojos
no se atrevían a mirar,
allí me ofreció, franca y resplandeciente,
iluminada por la luz del día.
Aquella cosa que a mí me parecía
tan gloriosa y noble,
yo la alabé claramente
delante de todo el ejército;
ensalcé en voz alta
delante de todo el pueblo
a la más bella novia de rey
de toda la tierra.
Desafíe a la envidia que en mí
despertaba el día;
a los celos,
a los que mi felicidad asustaba,
a la rivalidad,
que comenzaba a hacerme pesados
los honores y la gloria;
reté a todas esas cosas
y lealmente decidí
viajar a Irlanda
para salvar mi honor y mi gloria.

Isolda
¡Oh vano esclavo del día!
Engañada por el día,
que a ti te engañaba,
cuánto, por ti,
hube yo de sufrir amándote,
por ti, que envuelto
en el falso brillo del día,
preso en el engaño
de su resplandor,
yo odiaba francamente
en lo más hondo de mi corazón,
mientras el amor
lo abrazaba ardientemente,
¡ay, cómo dolía la herida
en el fondo del corazón!
¡Que malvado me pareció
el que allí yo había ocultado en secreto,
cuando la luz del día
el único que fielmente yo allí albergaba
desapareció a las miradas del amor
y ante mí sólo quedó un enemigo!
Quise huir
de la luz del día
que te me mostró
como un enemigo,
huir a la noche,
llevarte a ella conmigo,
a ella, donde mi corazón me prometía
el final del engaño;
donde se disiparía la sospechada
locura de la ilusión;
donde bebería para ti
amor eterno,
y te consagraría a la muerte,
unido a mí.

Tristán
Cuando me di cuenta
de que tu mano
me ofrecía
la dulce muerte;
cuando el presentimiento
me mostró
con claridad y certeza
lo que me prometía la reconciliación,
entonces, suavemente,
con su sublime poder
se hizo en mi pecho la noche,
y llegó a su final mi día.

Isolda
Pero, ay, te engañó
el falso filtro,
y de nuevo
desapareció para ti la noche;
¡el filtro devolvió al día
a aquel que en la noche solamente yacía!

Tristán
¡Oh, bendito sea ese filtro!
¡Bendito sea su líquido!
¡Bendita sea la gentil fuerza
de su magia!
Por la puerta de la muerte,
por la cual fluyó dentro de mí,
me ha abierto
de par en par
el reino maravilloso de la noche,
que sólo en sueños había yo visto.
Del cofre del corazón,
que alberga la imagen,
ese filtro ha expulsado
el engañoso resplandor del día,
para que así mis ojos, viendo en la noche,
puedan ver de verdad esa imagen.

Isolda
Pero el día expulsado
se ha vengado,
ha tomado consejo
de tus pecados:
lo que la oscuridad nocturna
te había mostrado,
tuviste que entregarlo
al regio poder
del astro diurno,
para que allí viva iluminado,
solitario
en un triste esplendor.
¿Cómo pude soportar tal cosa?
¡Cómo puedo seguir soportándola?

Tristán
¡Oh, nosotros estábamos
consagrados a la noche!
El pérfido día,
propicio a la envidia,
con su engaño pudo separarnos,
¡pero su mentira no pudo ya engañarnos!
De su vano esplendor,
de su brillo engañoso
ríese aquel a quien la noche
ha consagrado su mirada:
ya no nos ofuscan
los rayos fugaces
de su luz vacilante.
Aquel que amando contempla
la noche de la muerte,
aquel a quien la noche confía
su profundo secreto:
¡ante ése se han disipado,
cual vano polvo de los soles,
las mentiras del día,
la gloria y el honor,
el poder y la riqueza,
por muy grande y noble que sea su brillo!
En las vanas ilusiones del día
le queda a ése un único anhelo,
¡el anhelo
de la santa noche,
donde le sonríen
las eternas delicias del amor,
únicas que son verdaderas!

(Tristán lleva suavemente a Isolda a un banco de flores que queda a un lado, se arrodilla ante ella y reclina su cabeza entre sus brazos)

Ambos
Oh, desciende aquí,
noche del amor,
dame el olvido,
para que yo viva;
acógeme
en tu seno,
¡libérame
del mundo!

Tristán
Ahora se apagan
las últimas luces

Isolda
lo que pensábamos,
lo que nos parecía

Tristán
todos los pensamientos

Isolda
todas las advertencias

Ambos
todas esas ilusiones las extingue
el augusto presentimiento
de la santa oscuridad,
redimiéndonos así del mundo.

Isolda
En nuestro seno
se ha ocultado el sol,
sonrientes brillan
las estrellas de las delicias.

Tristán
Suavemente rodeado
por u encanto,
dulcemente derretido
ante tus ojos;

Isolda
mi corazón contra tu corazón
mi boca contra tu boca;

Tristán
alianza única
de un solo aliento;

Ambos
mi mirada, cegada de delicias,
se vuelve vidriosa,
el mundo y sus brillos
palidecen;

Isolda
ese mundo que el día
engañosamente nos ilumina;

Tristán
ese mundo que nos opone
su ilusión engañosa;

Ambos
pues yo mismo, entonces,
soy el mundo:
augusta trama de delicias,
santísima vida del amor,
noble y consciente deseo,
no ilusorio,
de no volver a despertar.

(Tristán e Isolda se sumergen en un completo arrobamiento y permanecen en él, apoyados en el banco de flores, cabeza contra cabeza)

La voz de Brangäne
(Desde la almena)
Que la persona a quien sonríe
el sueño del amor,
preste atención
a las voces de la única
que en la noche
vela solitaria,
de la que presiente peligros
para los que duermen
y con angustia
les advierte que despierten.
¡Tened cuidado!
¡Tened cuidado!
¡Pronto se irá la noche!

Isolda
(En voz baja)
¡Escucha, amado mío!

Tristán
(En voz baja)
¡Déjame morir!

Isolda
(Levantándose poco a poco)
¡Guardia envidiosa!

Tristán
(Permaneciendo inclinado)
¡No despertar nunca!

Isolda
Pero el día,
¿no ha de despertar a Tristán?

Tristán
(Levantando un poco la cabeza)
¡Deja que el día
ceda el paso a la muerte!

Isolda
Día y muerte
¿no alcanzarían
con los mismos golpes
a nuestro amor?

Tristán
(Alzándose más)
¿Nuestro amor?
¿El amor de Tristán?
¿El mío y el tuyo?
¿El amor de Isolda?
¿Qué golpe de la muerte
podría hacerlo desaparecer nunca?
Si ante mí estuviese
la poderosa muerte
y amenazase
mi cuerpo y mi vida,
que tan de buen grado
daría yo por el amor,
¿cómo alcanzaría su golpe
al amor mismo?
(Con intimidad siempre mayor, apoyando su cabeza en Isolda)
Y si yo muriese por amor,
muerte que gustosa me sería,
¿cómo podría el amor
morir conmigo?
¿cómo podría el que vive eternamente
acabar al mismo tiempo que yo?
Y si el amor de Tristán no muere nunca,
¿cómo podría Tristán
morir por su amor?

Isolda
Pero nuestro amor
¿no se llama Tristán
y Isolda?
Este dulce vocablo: y,
lo que ese vocablo ata,
la alianza del amor,
¿no lo destruiría la muerte
si Tristán muriese?

Tristan
¿Qué otra cosa sucumbiría a la muerte
sino lo que nos perturba,
lo que impide a Tristán
amar siempre a Isolda,
vivir eternamente sólo para ella?

Isolda
Pero ese vocablo: y,
si quedase destruido,
¿de qué otro modo estaría dada
la muerte a Tristán
sino con la propia vida de Isolda?

(Tristán atrae suavemente hacia sí a Isolda con un gesto muy expresivo)

Tristan
Entonces moriríamos
para, eternamente juntos,
eternamente unidos,
sin final,
sin despertar,
sin miedos,
sin nombre,
abrazados en el amor,
dados enteramente el uno al otro,
¡vivir tan sólo para el amor!

Isolda
(Levantando hacia él los ojos como en un arrobamiento pensativo)
Entonces moriríamos
para, inseparados,

Tristán
eternamente unidos,
sin final,

Isolda
sin despertar,

Tristán
sin miedos,

Ambos
sin nombre,
abrazados en el amor,
dados eternamente el uno al otro,
¡vivir tan sólo para el amor!

(Isolda reclina su cabeza en el pecho de Tristán, como si estuviera subyugada)

La voz de Brangäne

¡Tened cuidado!
¡Tened cuidado!
Pronto la noche dejará paso al día

Tristán
(Se inclina sonriendo hacia Isolda)
¿Es menester que escuche?

Isolda
(Alzando los ojos ilusionadamente hacia Tristán)
¡Déjame morir!

Tristán
(Serio)
¿Es menester que despierte?

Isolda
(Conmovida)
¡Jamás despertar!

Tristán
(Insistiendo)
¿Despertará todavía
el día a Tristán?

Isolda
(Con entusiasmo)
¡Deja que el día
ceda el paso a la muerte!

Tristán
¿Retamos entonces de ese modo
a las amenazas del día?

Isolda
(Con creciente entusiasmo)
Huir eternamente de sus engaños

Tristán
¿Nunca nos ha hecho huir
su resplandor matutino?

Isolda
(Levantándose del todo, con un gran gesto)
¡Eternamente dure para nosotros la noche!

(Tristán la sigue; se abrazan con ardiente entusiasmo)

Ambos
¡Oh noche eterna,
dulce noche!
¡Augusta y sublime
noche del amor!
La persona a quien tú abrazabas,
a quien tú sonreías,
¿cómo se hubiera despertado de ti
alguna vez sin miedos?
¡Ahora expulsa los miedos,
muerte querida,
muerte de amor
ardientemente deseada!
¡En tus brazos
consagrados a ti,
ardor sacrosanto,
liberados de las angustias del despertar!

Tristán
¡Cómo aferrar,
cómo dejar
estas delicias!

Ambos
¡Lejos del sol,
lejos de los días
en que lamentamos la separación!

Isolda
Sin ilusiones,

Tristán
anhelos suaves.

Isolda
Sin miedos,

Tristán
deseos dulces.
Sin dolores,

Ambos
augusta desaparición.

Isolda
Sin languideces,

Ambos
dulces tinieblas.

Tristán
Sin ausencias,

Ambos
sin separaciones,
confiados a nosotros solos,
eternamente en nuestra casa,
en los espacios infinitos
soñar bienaventuradamente.

Tristán
Tristán tú,
Isolda yo,
¡no más Tristán!

Isolda
Isolda tú,
Tristán yo,
¡no más Isolda!

Ambos
Sin nombrarnos,
sin separarnos,
reconocernos de nuevo,
inflamarnos de nuevo;
por una eternidad sin fin,
una sola consciencia:
¡supremo placer amoroso
de pechos al rojo vivo!

Escena tercera

(Tristán e Isolda siguen en su éxtasis, Brangäne lanza un grito estridente. Kurwenal entra impetuosamente, con la espada desenvainada)

Kurwenal
¡Sálvate, Tristán!

(Tristán mira con espanto hacia atrás. Marke, Melot y los cortesanos, vestidos con trajes de caza, avanzan con viveza hacia el primer término por la avenida de árboles y se detienen aterrorizados ante el grupo de los amantes. Brangäne baja al mismo tiempo de la almena y se abalanza sobre Isolda. Ésta, presa de un pudor instintivo, se reclina en el banco de flores, con el rostro vuelto. Tristán, con un movimiento asimismo instintivo, extiende con un brazo su manto, ocultando con él a Isolda de la mirada de los que llegan. En esta posición se queda un largo rato, sin moverse, con la mirada fija en los hombres, que, con diversas expresiones, también fijos en él sus ojos. Amanece)

Tristán
(Tras largo silencio)
¡Por última vez
el triste día!

Melot
(a Marke)
¿Me dirás ahora señor,
que lo he acusado con razón?
¿Y que he salvado mi cabeza,
que te di en prenda?
Te lo he mostrado
en flagrante delito:
tu nombre y honor
he preservado yo lealmente
del oprobio.

Marke
(Con voz temblorosa, tras un instante de profundo anonadamiento)
¿Has hecho realmente eso?
¿Eso es lo que te imaginas?
Míralo ahí,
el más leal de todos los amigos;
¡el acto más libre
de su lealtad
ha herido mi corazón
con la traición más odiosa!
Si Tristán me engañase,
¿podría yo esperar
que el daño que su engaño
me ha causado
fuese sinceramente reparado
por el consejo de Melot?

Tristán
(Con violentas convulsiones)
¡Fantasmas del día!
¡Sueños matutinos!
¡Engañosos y siniestros!
¡Desapared! ¡Huid!

Marke
(Con profunda emoción)
¿A mí me has hecho esto?
¿Adónde ha escapado la lealtad
si Tristán me ha engañado?
¿Adonde ha escapado ahora el honor y la auténtica prosapia
si el asilo de todos los honores,
si Tristán los ha perdido?
¿Adonde ha huido
ahora la virtud
que Tristán había elegido
como escudo suyo,
si ella huye de mi amigo,
si Tristán me ha traicionado?

(Tristán baja lentamente sus ojos al suelo; en sus gestos puede leerse, mientras Marke continúa, un duelo creciente).

¿Para qué los servicios
innumerables,
la gloria de los honores,
el poder de la grandeza
que tú ganaste para Marke,
si el honor y la gloria
la grandeza y el poder,
si los servicios innumerables
tenían que ser pagados
con el oprobio de Marke?
¿Es que te pareció pequeña su gratitud,
te pareció poco el que te diese
el propiedad y herencia
lo que tú para él habías obtenido,
la gloria y el reino?
El hombre al que antaño
se le murió su mujer sin llegar a tener hijos,
te amó tanto a ti
que Marke nunca más
quería volver a casarse.
Cuando todo el pueblo,
en la corte y en el campo,
lo presionaba
con súplicas y amenazas
a que escogiese una reina para el país
y una esposa para sí;
cuando tú mismo
conjurabas a tu tío
a que cumpliese enseguida
los deseos de la corte,
la voluntad del país;
él se negó
con astucias y bondades,
oponiéndose incluso a ti,
hasta que tú,
Tristán, lo amenazaste
con ausentarte para siempre
de la corte y del país,
si tú mismo
no eras enviado
a buscar una novia para el rey.
Entonces, él cedió
Esta mujer maravillosa
que tu coraje ganó para mí,
¿quién podría verla,
conocerla
decirla suya
con orgullo,
sin tenerse por dichoso?
Esta mujer a la que mi voluntad
nunca se atrevió a acercarse,
a la que mis deseos
renunciaron con timidez respetuosa,
esa mujer que tenía
que confortar mi alma
de un modo tan magnífico,
de un modo tan excelso,
esa novia principesca
tú me la trajiste a mí,
a pesar de enemigos y peligros.
Y ahora que con tal
bien tú habías vuelto,
mi corazón más sensible
que nunca al dolor,
ese corazón ha sido herido
conde más débil y delicado era,
donde más abierto estaba,
y ya no cabe esperar
que alguna vez pueda yo sanarlo;
¿por qué ahora me has herido
tan cruelmente ahí,
infortunado?
Ahí me has herido con el veneno
atormentador del arma,
con un veneno que cruelmente me quema
los sentidos y el cerebro;
que me impide ser leal
a mi amigo;
has llenado de sospechas
mi corazón franco,
hasta el punto de que ahora yo secretamente
me deslizo en la oscura noche
para espiar
a mi amigo
y llegar al fin de mis honores.
¿Por qué para mí este infierno
del que no redime ningún cielo?
¿Por qué para mi este oprobio
que ninguna miseria puede expiar?
Este motivo insondable,
misterioso,
¿quién lo manifestará
al mundo?

Tristán
(Alzando con compasión sus ojos hacia Marke)
Oh rey,
eso no puedo decírtelo;
y lo que me preguntas
no lo sabrás nunca.
(Se vuelve hacia Isolda, que ha alzado anhelante sus ojos hacia él)
Isolda, ¿quieres seguir a Tristán,
al sitio adonde ahora va a partir?
En el país del que Tristán está hablando
no brilla la luz del sol:
es el país oscuro,
nocturno,
del que mi madre
me envió
cuando muriendo
hizo salir a la luz
al que en la muerte
había concebido.
Aquel sitio que, cuando ella me dio a luz,
fue para ella su asilo amoroso,
el maravilloso reino de la muerte,
del que me desperté en otro tiempo,
eso es lo que Tristán te ofrece,
a ese sitio va él por delante de ti;
si con lealtad y nobleza,
a ese sitio va a seguirle,
¡dígaselo ahora Isolda a Tristán!

Isolda
Cuando el amigo en otro tiempo
la invitó a partir para un país extranjero,
Isolda tuvo que seguir
con lealtad y nobleza
al hombre innoble.
Ahora que me conduces a tu propio país,
para mostrarme tu herencia,
¿Cómo iba yo a rehuir el país
que envuelve el mundo entero?
Adonde están la casa y la patria de Tristán,
allá irá Isolda:
para que con lealtad y nobleza,
ella te siga,
¡muestra ahora a Isolda el camino!

(Tristán se inclina lentamente sobre ella y la besa con suavidad en la frente. Melot tiembla de rabia).

Melot
(Desenvainando la espada)
¡Traidor! ¡Ah!
¡Venganza, rey!
¿Toleras este ultraje?
(Tristán desenvaina su espada y se vuelve con rapidez).

Tristán
¿Quién arriesga su vida contra la mía?
(Fija su mirada en Melot)
Él fue mi amigo,
decía tenerme un grande y leal amor;
él se cuidaba más que ningún otro
de mi honor y mi gloria.
Él empujó mi corazón
a la arrogancia;
él guiaba la tropa
que me incitaba
a aumentar mi honor y mi gloria,
¡a desposarte a ti con el rey!
Tu mirada, Isolda,
también a él lo ciega;
¡mi amigo, por celos,
me ha traicionado
al rey, a quien yo había traicionado!
(Se lanza sobre Melot)
¡Defiéndete Melot!

(Cuando Melot le opone su espada. Tristán deja caer la suya y se desploma herido en brazos de Kurwenal. Isolda se precipita sobre su pecho. Marke retiene a Melot.)

ACTO III

Escena primera

(El castillo de Tristán en bretaña. Bajo la sombra de un gran tilo yace Tristán, durmiendo sobre un diván; está extendido como si no tuviera vida. A su cabecera está sentado Kurwenal, inclinado con dolor hacia él y observando con cuidado su respiración. Se oye una melodía pastoril, tocada con melancolía y tristeza por un caramillo)

El pastor
(En voz baja)
¡Kurwenal! ¡Eh!
¡Dime, Kurwenal!
¡Escúchame, amigo!
¿Aún no se ha despertado?

Kurwenal
(Mueve con tristeza la cabeza)
En el caso de que se despertase,
sería nada más que
para abandonarnos por siempre,
si antes no aparece
la médica,
la única que puede ayudarnos
¿Aún no has visto nada?
¿Ningún barco todavía en el mar?

El pastor
Tú habrías oído en ese caso
una melodía diferente,
la más alegre que yo pudiera tocar.
Pero dime con franqueza,
viejo amigo,
¿qué es lo que le pasa a nuestro señor?

Kurwenal
Deja esa pregunta,
jamás lo sabrás.
Vigila con cuidado
y, así que veas la nave,
¡toca una melodía alegre y clara!

El pastor
Desierto y vacío está el mar.
(Se lleva el caramillo a la boca y se aleja mientras lo toca)

Tristán
(Sin moverse, con una voz sorda)
La vieja melodía
¿Por qué me despierta?

Kurwenal
(Asustado)
¡Ah!

Tristán
(Abre los ojos y vuelve un poco la cabeza)
¿Dónde estoy?
Kurwenal
¡Ah, esa voz!
¡Su voz!
¡Tristán, señor!
¡Mi héroe! ¡Mi Tristán!

Tristán
(Con esfuerzo)
¿Quién me llama?

Kurwenal
¡Por fin! ¡Por fin!
¡Vida, oh vida!
¡Dulce vida
devuelta a mi Tristán!

Tristán
Kurwenal ¿eres tú?
¿Dónde he estado?
¿Dónde estoy?

Kurwenal
¿Que dónde estás?
¡En paz, seguro y libre!
En Kareol, señor,
¿no reconoces
el castillo de tus padre?

Tristán
¿De mis padres?

Kurwenal
¡Mira a tu alrededor!

Tristán
¿Qué música es esa que he oído?

Kurwenal
Has vuelto a oír
la melodía del pastor
que en la colina
guarda tus rebaños

Tristán
¿Mis rebaños?

Kurwenal
¡Eso es lo que digo, señor!
Tuya es la casa,
tuyos el cortijo y el castillo.
El pueblo, leal
a su amado señor,
ha cuidado lo mejor que ha podido
la casa y el cortijo
que mi héroe regaló
en otro tiempo, para que fueran suyos,
a sus gentes y a su pueblo,
cuando abandonó todo
para marcharse a un país extranjero.

Tristán
¿A qué país?

Kurwenal
¡Je! A Cornualles.
Con astucia y suavidad,
¡qué glorias,
qué felicidades y honores
no conquistó allí Tristán, mi héroe!

Tristán
¿Estoy en Cornualles?

Kurwenal
No, ¡en Kareol!

Tristán
¿Cómo he llegado aquí?

Kurwenal
¡Vaya! ¿Qué cómo has llegado?
No cabalgando en un corcel;
un barquito fue el que aquí te trajo.
Pero en el barquito
yo te traía
sobre mis espaldas son anchas;
ellas te han traído aquí a la playa.
Ahora estás en tu casa, en tu país,
en tu auténtico país,
en tu patria;
iluminado por la luz del viejo sol,
aquí en tus propias tierras
te curarás bien
de la muerte y de las heridas.

Tristán
¿Lo crees así?
Yo sé que es de otro modo,
pero no puedo decírtelo.
Donde desperté,
en me detuve;
pero dónde me detuve,
eso no puedo decírtelo.
No vi el sol,
ni vi tierras ni gentes;
pero lo que vi,
eso no puedo decírtelo.
He estado
donde estaba siempre
y adonde ahora voy,
al vasto reino
de la noche de los mundos.
Un único saber
tenemos allí:
el eterno y divino
olvido primordial.
¿Cómo perdí su presentimiento?
Advertencia anhelante,
así te llamo a ti,
¿eres tú la que de nuevo
me has empujado hacia la luz del día?
La única cosa que me ha quedado
es un amor ardiente y férvido,
que me expulsa de los deliciosos espantos
de la muerte y me empuja a ver la luz,
¡esa luz que, engañosamente clara y áurea,
sigue brillando para ti, Isolda!

(Kurwenal, espantado, oculta su cabeza. Tristán se yergue poco a poco, cada vez más)

¡Isolda está aún
en el reino del sol!
¡En la luz del día
está aún Isolda!
¡Qué anhelos!
¡Que deseos!
¡Qué ansias de verla!
Oí cómo a mis espaldas
con estrépito
se cerraba
la puerta de la muerte;
ahora vuelve a estar abierta
de par en par,
los rayos del sol
la han abierto de golpe;
con los ojos abiertos a la luz,
tengo que emerger de la noche,
para buscarla a ella;
sólo a ella
le está dado a Tristán
perderse,
desaparecer.
¡Ay de mí! Pálida y angustiada
crece ahora
para mí la fiera
urgencia del día;
brillante y engañoso,
su astro
despierta mi cerebro
¡al engaño y a la ilusión!
¡Maldito seas, día,
tú y tu claridad!
¿Harás que mi pena
arda eternamente?
¿Arderá eternamente
esa luz
que, incluso de noche,
me mantuvo alejado de ella?
¡Ay, Isolda,
dulce amada mía!
¿Cuándo, por fin,
cuándo, ay, cuándo,
apagarás la llama
para anunciarme mi felicidad?
La luz, ¿cuándo se extinguirá?
(Agotado, vuelve a recostarse suavemente)
¿Cuándo se hará de noche en la casa?

Kurwenal
La mujer a la que en otro tiempo
por lealtad a ti ultrajé,
ahora tengo que desear
ir tras ella contigo.
Cree en mi palabra:
la verás
aquí hoy;
ese consuelo sí que puedo dártelo,
a condición de que ella esté aún con vida.

Tristán
(Muy débil)
Aún no está apagada la luz,
aún no es de noche en la casa;
Isolda está viva y despierta,
su llamada me ha sacado de la noche.

Kurwenal
Pues si ella vive,
¡deja que la esperanza te sonría!
Aunque Kurwenal te parezca un tonto,
hoy no deberías burlarte de él.
Como muerto has estado ahí echado
desde el día
en que Melot, ese infame,
te causó la herida.
¿Cómo curar
esa maligna herida?
A mí, que soy un estúpido,
me pareció que
quien en otro tiempo cerró la herida
que te había abierto Morold,
fácilmente curaría los tormentos
que Melot te infligió al defenderse.
Pronto encontré
a la mejor de las médicas;
a Cornualles he enviado a buscarla;
pronto un hombre leal
traerá aquí a Isolda
sobre las olas del mar.

Tristán
(Fuera de sí)
¡Isolda vive!
¡Isolda se acerca!
(Tiene grandes dificultades para hablar)
¡Oh mujer fiel! ¡Noble,
excelsa, fiel mujer!
(Atrae a sí a Kurwenal y lo abraza)
Kurwenal mío,
¡mi fiel amigo!
Tú, hombre leal que no vacila,
¿cómo puede agradecerte eso Tristán?
Escudo mío, salvaguardia mía,
en la lucha y en el combate,
siempre dispuesto a ayudarme
en el place y en el sufrimiento;
tú odiaste
a quien yo odié;
tú amaste
a quien yo amé.
¡Al buen Marke,
cuando yo le servía lealmente,
le fuiste tú más fiel que el oro!
T cuando tuve que traicionar
a aquel noble señor,
¡de buen grado lo habrías engañado tú!
No eres dueño de ti,
eres sólo mío;
cuando yo sufro,
conmigo sufres;
¡lo único que no puedes sufrir
es lo que yo sufro!
Este anhelo terrible
que me devora;
este ardor implacable
que me consume;
si yo quisiera nombrártelo,
si tú pudieras conocerlo,
no estarías aquí;
tendrías que ir a vigilar
con todos tus sentidos;
desde allí arriba anhelarías,
desde allí arriba observarías
dónde se hinchan las velas de ella,
dónde, empujada por los vientos,
impulsada por el fuego del amor,
navega Isolda hacia mí
¡Para encontrarme!
¡Se acerca! ¡Se acerca
con valerosa prisa!
¡Ondea, ondea
la bandera en el mástil!
¡El barco! ¡El barco!
¡Allí pasa junto al arrecife!
¿Es que no lo ves?
Kurwenal, ¿es que no lo ves?

(Mientras Kurwenal está indeciso, para no abandonar a Tristán, y éste lo mira con una tensión silenciosa, resuena como al comienzo, primero cerca, y luego más lejos, la triste melodía del pastor)


Kurwenal
(Abatido)
¡Aún no está a la vista ningún barco!

Tristán
(Con creciente melancolía)
¿Debo entender que con tu triste
sonido dices eso,
vieja y grave melodía?
A través de las brisas de la tarde
llega tímidamente hasta mí,
como antaño le llegó al niño,
anunciándole la muerte de su padre.
A través del amanecer
me llegó, cada vez más tímida,
cuando el hijo se enteró
de la suerte de su madre.
Cuando mi padre me engendró y murió,
cuando mi madre me parió muriendo. La vieja melodía,
tímida y nostálgica,
sin duda que hasta ellos
también llegó con su lamento,
la melodía que entonces me preguntó
y que ahora me pregunta
para correr qué suerte
nací yo en otro tiempo.
¿Para qué suerte?
La vieja melodía
me lo repite ahora:
anhelar ¡y morir!
¡No! ¡Ah, no!
¡No es eso lo que ella dice!
¡Anhelar! ¡Anhelar!
¡Anhelar en la muerte
no morir de anhelo!
Esa melodía que no muere
clama ahora anhelante
por el reposo de la muerte,
eso es lo que le grita a la lejana médica
Muriendo yacía yo
mudo en la barca;
el veneno de la herida
estaba cerca de mi corazón;
la melodía sonaba
quejosa y anhelante;
el viento hinchaba la vela
en dirección a la hija de Irlanda.
La herida que ella
cerró curándola,
volvió a abrírmela
con la espada;
pero entonces dejó
caer la espada de su mano;
me dio a beber
el filtro del veneno;
mientras yo esperaba
curarme del todo,
lo que se eligió
fue la magia más devoradora,
para que yo jamás muriese
¡y me sobreviviese en un tormento eterno!
¡El filtro! ¡El filtro!
¡El terrible filtro!
¡Cómo me penetró con furia
desde el corazón hasta el cerebro!
Ahora ninguna medicina,
ninguna muerte dulce,
podrá liberarme
de la tortura del anhelo;
en ningún sitio, ay, en ningún sitio
encontraré reposo;
la noche me arroja
al día,
para que el ojo del sol eternamente
en mis sufrimientos se recree.
¡Oh rayos calcinantes
de ese sol!,
cómo me quema el cerebro
su ardiente tortura!
¡Contra la ardiente languidez
de ese calor
no existe, ay, la refrescante oscuridad
de ninguna sombra!
De la horrible tortura
de estos dolores,
¿qué bálsamo podría
procurarme alivio?
El terrible filtro
que me ha desposado con el tormento,
yo mismo, ¡yo mismo
lo preparé!
En la desgracia de mi padre,
en los dolores de mi madre,
en las lágrimas de amor
de entonces y de siempre,
en las risas y en los llantos,
en las delicias y en las heridas,
supe encontrar yo
el veneno del filtro.
Ese filtro que yo preparé,
que me inundó,
que disfruté
sorbiendo delicias
¡Maldito sea ese horrible filtro!
¡Maldito sea el que lo preparó!

(Cae hacia atrás, desmayado)

Kurwenal
(Que en vano ha intentado calmar a Tristán, da un grito, horrorizado)
¡Mi señor! ¡Tristán!
¡Magia espantosa!
¡Oh engaño del amor!
¡Oh tiranía del amor!
La ilusión más noble del mundo,
¡mira lo que ha hecho de ti!
Ahí yace ahora
el varón delicioso
que ha amado y querido como nadie.
¡Mirad el agradecimiento
que de él obtuvo,
que de él obtiene el amor!
(Con voz sollozante)
¿Estás ya muerto?
¿Vives todavía?
¿Te ha llevado consigo esa maldición?
(Atiende a la respiración de Tristán)
¡Oh delicia! ¡No!
¡Se mueve, vive!
¡Con qué suavidad mueve los labios!

Tristán
(Volviendo lentamente en sí)
¿El barco? ¿Aún no lo ves?

Kurwenal
¿El barco? No hay duda
de que llegará todavía hoy;
ya no puede retrasarse mucho.

Tristán
E Isolda, a bordo de él,
cómo me hace señas,
qué bellamente bebe
por nuestra reconciliación.
¿La vez?
¿No la ves aún?
¿No la ves qué feliz,
que digna y cariñosa,
viene caminando
por los campos del mar?
Sobre suaves olas
de deliciosas flores
se acerca luminosa
a tierra.
Me sonríe,
trayéndome consuelo y dulce reposo;
ella me trae
el alivio supremo.
¡Ay, Isolda, Isolda!
¡Qué bella eres!
Y tú, Kurwenal,
¿es que no la ves?
¡Sube a la torre,
bicho estúpido!
¡Que no se te escape
lo que yo veo claro y distinto!
¿No me oyes?
¡Rápido a la torre!
¡A la torre, rápido!
¿Ya estás en tu puesto?
¡La nave! ¡La nave!
¡La nave de Isolda!
¡Tienes que verla!
¡Tienes que verla!
¡La nave! ¿No la ves todavía?

(Mientras Kurwenal, vacilando aún, lucha con Tristán, el pastor, desde fuera, toca el caramillo. Kurwenal da un salto de alegría)

Kurwenal
¡Oh delicia! ¡Oh alegría!
(Sube rápidamente a la torre y desde allí acecha)
¡Ah! ¡El barco!
¡Lo veo acercarse desde el norte!

Tristán
(Con creciente entusiasmo)
¿No lo sabía yo?
¿No lo decía yo
que ella vive todavía
y sigue tejiendo vida para mí?
Puesto que Isolda es la única
que para mí contiene el mundo,
¿cómo iba a estar para mí
Isolda fuera del mundo?

Kurwenal
(Gritando desde la torre, exultante)
¡Heiha! ¡Heiha!
¡Con qué valor navega!
¡Con qué fuerza se hinchan las velas!
¡Cómo corre, cómo vuela!

Tristán
¿La bandera? ¿La bandera?

Kurwenal
¡La bandera de la alegría
ondea clara y alegre en el palo mayor!

Tristán
(Alzándose del lecho)
¡Hahei! ¡De la alegría!
¡En pleno día
viene Isolda hacia mí!
¡Isolda hacía mí viene!
¿La ves a ella?

Kurwenal
Ahora el barco ha desaparecido
detrás de las rocas

Tristán
¿Detrás del arrecife?
¿Es eso peligroso?
¡Allí hay un gran oleaje,
allí naufragan los barcos!
El timón, ¿quién lo lleva?

Kurwenal
El más seguro de los hombres de mar

Tristán
¿Es que me habrá traicionado?
¿Será acaso un cómplice de Melot?

Kurwenal
¡Fíate de él como de mí!

Tristán
¡También tú eres un traidor!
¡Desventurado!
¿Vuelves a verla?

Kurwenal
Todavía no

Tristán
¡Perdida!

Kurwenal
(Jubiloso)
¡Heiha! Hei ha ha ha ha!
¡Han pasado! ¡Han pasado!
¡Han pasado felizmente!

Tristán
(Jubiloso)
¡Hei ha ha ha! ¡Kurwenal,
el más fiel de los amigos!
Todos mis bienes y posesiones
te los dejaré hoy en herencia.

Kurwenal
Se acercan volando

Tristán
¿La ves por fin?
¿Ves a Isolda?

Kurwenal
¡Es ella! ¡Hace señas!

Tristán
¡Oh, tú, bienaventurada mujer!

Kurwenal
¡La nave entra en puerto!
¡Isolda, ah!
De un brinco
salta del barco a tierra.

Tristán
¡Desciende de la torre,
vigía indolente!
¡Baja! ¡Baja
a la playa!
¡Ayúdala! ¡Ayuda a mi esposa!

Kurwenal
La subiré aquí,
¡confía en mis brazos!
Pero tú, Tristán,
permanece tranquilo en el lecho.

(Kurwenal sale rápidamente)

Escena segunda

Tristán
¡Oh, este sol!
¡Ah, este día!
¡Ah, día radiante
de esta delicia!
¡Sangre impetuosa,
ánimo jubiloso!
¡Placer sin medida,
delirio de alegría!
¿Cómo soportaros,
estando atado a este lecho?
¡Arriba, vamos
adonde laten los corazones!
¡Tristán, el héroe,
con fuerza jubilosa,
se ha arrancado
de las garras de la muerte!
(Se alza)
Con la herida sangrando
combatí en otro tiempo a Morold,
¡con la herida sangrando
alcanzaré hoy a Isolda!
(Se arranca la venda de la herida)
¡Haina, sangre mía!
¡Corre ahora alegre!
(De un salto se levanta del lecho y camina vacilando hacia adelante)
La que me cerrará
para siempre la herida
¡se acerca como un héroe,
se acerca para sanarme!
¡Que el mundo desaparezca
ante mi jubilosa prisa!

Isolda
(Desde fuera)
¡Tristán! ¡Amado mío!

Tristán
(Con la más terrible agitación)
¿Cómo? ¿Es que oigo la luz?
¡La antorcha, ay!
¡La antorcha se apaga!
¡A ella! ¡A ella!

(Isolda entra sin aliento. Tristán, que no es dueño de si, se lanza a su encuentro con pasos vacilantes. Ella lo recibe en sus brazos. Tristán se desploma lentamente al suelo en sus brazos)

Isolda
¡Tristán! ¡Ah!

Tristán
(Muriendo, alza los ojos hacia ella)
¡Isolda!
(Muere)

Isolda
¡Ah!
¡Soy yo, soy yo,
dulcísimo amigo mío!
¡Arriba, escucha una vez mas
mi llamada!
Isolda te llama,
Isolda ha venido
a morir, fiel, con Tristán.
¿No me respondes?
¡Permanece despierto
una sola hora,
una sola hora!
Ella ha velado, anhelante,
días de inquietud
para velar contigo
una hora todavía.
¿Tristán le roba,
le roba a Isolda,
ésta única,
eternamente corta, última
felicidad del mundo?
¿La herida? ¿Dónde?
¡Déjame curarle!
Deja que compartamos
las delicias y la majestad de la noche;
no te mueras por la herida,
no por la herida;
¡que la luz de la vida se extinga
para nosotros dos unidos!
¡Está vidriosa su mirada!
¡Está quieto su corazón!
¡No hay el menor soplo
de su aliento!
¿Tiene ahora que estar
sollozando en tu presencia
la que valientemente atravesó el mar
para desposarte deliciosamente?
¡Demasiado tarde!
¡Hombre obstinado!
¿Me castigas así
con el más duro de los destierros?
¿Sin ninguna clemencia,
sin pagarme mis sufrimientos?
¿No me es lícito
decirte mis quejas?
¡Una sola vez, ay,
una sola vez todavía!
¡Tristán! ¡Ah!
¡Escucha! ¡Se despierta!
¡Amado mío!

(Se desploma, inconsciente, sobre el cadáver de Tristán)

Escena tercera

El pastor
(Volviéndose presurosamente a Kurwenal y hablándole en voz baja)
¡Kurwenal! ¡Escucha!
¡Un segundo barco!

Kurwenal
(En un estallido de ira)
¡Muerte e infierno!
¡Todo el mundo a trabajar!
He reconocido
a Marke y a Melot.
¡Armas y piedras!
¡Ayudadme! ¡A la puerta!

(Se lanza de prisa, con el pastor, hacia la puerta; intentan cerrarla enseguida)

El marinero
(Entra precipitadamente)

Marke me sigue
con sus tropas y su pueblo
¡Es inútil la defensa!
¡Estamos vencidos!

Kurwenal
¡Colócate ahí y ayuda!
¡Mientras yo esté vivo
nadie entrará aquí!

La voz de Brangäne
(Fuera, desde abajo)
¡Isolda! ¡Dueña mía!

Kurwenal
¿La voz de Brangäne?
(Bajando la voz)
¿Qué es lo que buscas aquí?

Brangäne
¡No cierres, Kurwenal!
¿Dónde está Isolda?

Kurwenal
¿También tú eres una traidora?
¡Ay de ti, insensata!

Melot
(Desde fuera)
¡Deténte, loco!
¡No resistas ahí!

Kurwenal
(Riendo con rabia)
¡Heiahaha! ¡Bendito sea el día
en que te he encontrado!

(Melot aparece con hombres armados debajo de la puerta. Kurwenal se arroja sobre él y lo mata)

¡Muere, bicho infame!

Melot
¡Ay de mí, Tristán!
(Muere)

Brangäne
(Todavía desde fuera)
¡Kurwenal! ¡Insensato!
¡Escucha, estás equivocado!

Kurwenal
¡Criada infiel!
(A los suyos)
¡Adelante! ¡Seguidme!
¡Rechazadlos!
(Combaten)

Marke
(Desde fuera)
¡Deténte, hombre furioso!
¿Has perdido el seso?

Kurwenal
¡La muerte es la que aquí está furiosa!
Eso es lo único, rey,
que aquí puede recogerse.
Si quieres elegirla, ¡ven!
(Se lanza contra Marke y su séquito)

Marke
(Apareciendo con su séquito debajo de la puerta)
¡Atrás! ¡Insensato!

Brangäne
¡Isolda! ¡Dueña mía!
¡Salud y felicidad!
¿Pero qué es lo que veo? ¡Ah!
¿Vives aún? ¡Isolda!

(Se ocupa de Isolda, Marke, con su séquito, ha rechazado a Kurwenal y a quienes lo auxilian y entra)

Marke
¡Oh engaño y locura!
¡Tristán! ¿Dónde estás?

Kurwenal
(Gravemente herido)
Está ahí,
aquí, donde yo yazgo.
(Se desploma a los pies de Tristán)

Marke
¡Tristán! ¡Tristán!
¡Isolda! ¡Qué desgracia!

Kurwenal
(Tomando la mano de Tristán)
¡Tristán! ¡Amigo querido!
¡No me censures
el que tu leal vaya también contigo!
(Muere)

Marke
¡Todos están, pues, muertos!
¡Todos muertos!
¡Héroe mío, mi Tristán!
¡El más leal de los amigos.
¿También hoy
tienes que traicionar a tu amigo?
¿Hoy, el día en que vengo
a asegurarte la más alta lealtad?
¡Despierta, despierta!
¡Despierta a mis lamentos!
(Se inclina sobre el cadáver sollozando)
¡Oh tú. El más deslealmente
leal de los amigos!

Brangäne
(Que, tomando a Isolda en sus brazos, ha hecho que ésta vuelva en sí)
¡Se despierta! ¡Está viva!
¡Isolda! ¡Escúchame,
oye mi reconciliación!
Al rey le descubrí
el secreto del filtro;
con preocupada prisa
se lanzó entonces al mar
para darte alcance,
para renunciar a ti,
para conducirte al amigo.

Marke
¿Por qué, Isolda,
por qué me has hecho esto?
Cuando me fue claramente revelado
lo que antes yo no podía comprender,
¡qué feliz fui de encontrar
libre de culpa al amigo!
Para desposarte
con ese hombre noble,
volé tras de ti
a velas desplegadas.
Pero quien trae la paz,
¿cómo da alcance
a la impetuosidad de la desgracia?
He aumentado la cosecha de la muerte,
la locura ha acumulado desgracias.

Brangäne
¿Es que no nos oyes?
¡Isolda! ¡Querida!
¿No escuchas a tu leal sirvienta?

(Isolda, que no repara en nada de lo que la rodea, clava sus ojos con creciente entusiasmo en el cadáver de Tristán)

Isolda
Delicioso y callado,
cómo sonríe,
como los ojos
abre propicio,
¿Lo veis amigos?
¿No lo veis?
¿Cada vez más luminoso
cómo resplandece,
astro bañado en luz,
cómo se eleva a lo alto?
¿No lo veis?
¿Cómo el corazón
se le dilata, valeroso,
cómo pleno y noble
se le hincha en el pecho?
¿Cómo en los labios,
deliciosamente,
el dulce aliento
suavemente se exhala?
¡Amigos!
¡Ved!
¿No lo veis ni lo sentís?
¿Sólo yo oigo
esta melodía,
que tan maravillosa
y suave,
lamentándose gozosa,
diciéndolo todo,
dulcemente conciliadora,
resonando desde él,
penetra en mí,
se eleva sobre sí,
sonando propicia,
rodeándome de sonido?
Vibrando más claras,
envolviéndome ondulantes,
¿son ondas de brisas deliciosas?
¿son nubes de aromas dulcísimos?
Cómo crecen,
cómo me rodean de murmullos,
¿debo respirarlas,
debe escucharlas?
¿Debo beberlas a sorbos,
sumergirme en ellas?
¿Respirarme en dulces fragancias?
En la crecida ondulante,
en el sonido resonante,
en el universo suspirante
de la respiración del mundo,
anegarse,
abismarse,
inconsciente,
supremo
deleite.

(Isolda se desploma suavemente, como transfigurada, en brazos de Brangäne, sobre el cadáver de Tristán. Gran emoción y arrobo entre los presentes. Marke bendice los cadáveres).
 

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